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Anuario de 2014: José Antonio Espinoza, un entusiasta de la crianza

Autor: Héctor Uribe Delgado
El duelo del Santa Claudia de Lonquén representó a la Asociación Cordillera en el Anuario de los Criadores de 2014.

Reportaje recopilado de la sección de las Asociaciones del Anuario de la Federación Criadores de Caballos Raza Chilena de 2014.

Basta conversar un par de minutos con José Antonio Espinoza para darse cuenta de su pasión por los Caballos Chilenos, y en especial por el Criadero Santa Claudia de Lonquén, fundado por ahí por 2005 y por el cual vive y sueña.

Espinoza lentamente fue adentrándose en el Caballo Chileno y en el rodeo, algo que desembocó en el nacimiento de este criadero. "No tiene más de 10 años y el nombre va en honor a una hermana mía que falleció, y Lonquén, porque ahí está situada la parcela de mis padres. Es un criadero chiquitito, humilde, siempre hay una yegua de cría y siempre estamos tratando de tener una cría por año o una cría cada dos años. Soy joven, y soy el único huaso de mi familia, así es que lo llevo solo, y por eso, se hace un poco difícil poder criar más, pero gracias a Dios me he rodeado de gente a quien le tengo mucha gratitud", dice Espinoza antes de agradecer a las personas que lo ha ayudado y le ha enseñado en estos primeros años de crianza.

"Ellos son Rolando Varela y su familia, don Rafael Toro, Agustín y Nicolás Fossati, la familia de Cristián Allendes, porque en su parcela tengo las yeguas que corro, y las trabaja mi amigo Rodrigo Espinoza, y a la familia Serrano, con quienes tuve mis caballos al comienzo", añade agradecido.

Y Espinoza narra su primera aventura con sus yeguas criadas. "En 2013 debutamos en el rodeo del 18 con yeguas criadas, y fue un sueño hecho realidad para mí. Poder escuchar el nombre de mi criadero en la voz del secretario, fue un orgullo y algo que seguramente sólo podemos entender quienes somos criadores. Fueron la Inesperada, hija del Ventisquero, que fue un potro que llegó a los Clasificatorios, quizás no muy bonito, pero que quise darle la oportunidad porque era de un tremendo corazón, y la yegua tiene muchas características de él, y la Pellejería, que es más nueva y que la apuramos por este capricho de debutar, que es hija del Presumido, en una yegua hija del Zorzal, y que tengo grandes esperanzas en ella", recuerda.

Pero Espinoza no quiere que el rodeo sea únicamente su misión en la crianza del caballo chileno. "Esto se transformó en mi vida. Vivo y sueño por mis yeguas. Me encantan que sean yeguas, porque para mí los criaderos los hacen las madres, aunque la verdad es que no sé por qué terminé metido en esto. Incluso no tiene sentido, porque mi abuelo, a quien no conocí, le gustaban los rodeos, aunque no corría. Creo que esto se lo debo a un Tata postizo que tuve, don Aquiles Letelier, del Criadero Acuelo, y fue él quien mostró el rodeo y lo que es la crianza del caballo chileno. Lo que sí, siempre tuve caballos, pero de equitación, y de un momento a otro llegué al rodeo, y conocí a la familia Varela, y ellos fueron quienes me prestaron un caballo para correr, y me pasaban todo", cuenta.

Al comienzo no tenía nada, y de a poco fui juntando plata para comprarme mi primer caballo, y ahí me ayudaron mucho los Serrano, pero lo que de verdad me apasiona es la crianza. Es muy lindo estar cinco o seis meses pensando en qué potro ponerle a tu yegua, y después son 11 meses de suplicio para saber si será macho o hembra, si tendrá las cuatro patas blancas, si tendrá un lucero en la frente, elegir el nombre... Tengo una lista con 60 nombres para hembras y 40 para machos, y ahí viendo, pero nace la potranca y le pongo un nombre nuevo, y así se va haciendo esto. Mi papá me apoyo con mi primera yegua de cría, y ahí empecé con el criadero, y hoy en día tengo una yegua de cría, la otra es la Zorzalera, que es más vieja, pero que está con nosotros y tengo un compromiso con todos mis caballos: quiero que se muera en mis manos, y está en la parcela con una patita mala, pero ahí estará hasta sus últimos días", dice.

"Muchas veces nos volvemos locos con el tema funcional y buscamos un caballo que sea atajador, porque el caballo chileno es muy dependiente del rodeo, pero afortunadamente hay más disciplinas donde el caballo chileno puede servir, y es por eso que también trató de seguir a gente que sabe, y en ese sentido, sigo mucho lo que hace don Rolando Varela, que es una persona que se preocupa mucho del caballo en su parte morfológica. La verdad es que cuesta mucho, no es fácil, pero uno no debe perder el norte y seguir buscándolo antes que lo funcional. Por ejemplo, don Gonzalo Vial ha hecho un tremendo trabajo, y se destaca en ambas partes, ganando las exposiciones y también ha tenido grandes resultados en la parte competitiva", resalta.

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